martes, febrero 24, 2009

Sobre ferias, escritores y cruzadas

Leo un reciente y refrescante artículo de Edmundo Paz Soldán (http://www.elpais.com/articulo/semana/era/anti-Salinger/elpepuculbab/20090131elpbabese_1/Tes), sobre la proliferación de ferias del libro y escritores blandiendo sus libros como espadas. La aparente contradicción del escritor que debería “hablar” sólo a través de sus libros pero que paradójicamente también anda “poniendo el cuerpo” en eventos literarios. El fenómeno tiene múltiples aristas y formas de analizarlo, aquí propongo algunas (esto lo escribí hace algún tiempo, por otro tema, pero creo biene al caso también).
El acto íntimo, casi obsceno de escribir, es intuitivo, amoral, onanista: se escribe por placer, porque no hay manera de evitarlo. Pero subyace también la necesidad de compartir lo escrito, más allá del círculo familiar, y en ello no está involucrado necesariamente el ego, o el anhelo de destacar como el lugar común sugiere. ¿Porqué se tolera sin cuestionamientos que un arquitecto desarrolle un fenomenal edificio, que el cirujano realice una operación complejísima, pero cuando un escritor aparece con un buen libro, y, voluntarioso él, un poco pueril, convencido que es parte de su oficio, lo anda empujando en ferias del libro y presentaciones, se sospecha que el afán de sobresalir es el motor? Parte de la culpa es de algunos escritores, que responsabilizan de sus frustraciones a los colegas, a los críticos, a los lectores, al mundo que no los comprende ni celebra cómo debería (que es lo que la prensa exulta como único tipo de noticia literaria). Y otra parte radica en que, quien intenta sobrevivir de este oficio, efectivamente debe promocionarse, asistir a ferias, dar entrevistas, venderse (en el buen sentido), para que sus libros se lean. Y ahí se genera el problema: se crean expectativas. Y como todas las expectativas, más en un oficio que no admite medios tiempos, son usualmente desmedidas y generan frustración. A un escritor le satisface que sus libros vendan, que lo inviten cada tanto (incluso si no piensa ir) a eventos literarios, pues significa que al menos el presentador lo leerá (a veces ni siquiera ello sucede). Pero esa dinámica puede ser perversa, proclive al vedetismo, a centrarse en la parafernalia y distraerse de lo esencial: escribir. Y por ahí hasta declararse el mejor escritor de todos los tiempos, o el mejor cuentista peso mosca, o el más rápido lanzador de metáforas del sureste. La batalla del escritor no es contra nadie, no es una competencia para juntar medallas, hay una lucha, si, quizás contra sí mismo, contra los fantasmas, contra la desidia, contra la muerte. Un escritor debe en primer lugar estar en paz con su oficio y sólo entonces es coherente su cruzada contra los infieles (no lectores). “Dejemos que el tiempo, haga su antología” dijo Borges, y tengo la impresión que cuando lo dijo ya sabía que estaría en todas las antologías, pero también intuyo, eso le importaba un carajo.

jueves, febrero 19, 2009

El futuro improbable de Alejandro Bentivoglio






Octubre del 2039, el doctor Alejandro Bentivoglio expone en el XXVII Congreso Internacional de Microficción (en Neuquén, un pequeño barrio de Cipoletti), ya casi nadie desafía su tesis y en la mayoría de los textos está consignado el origen de la microficción en la Patagonia Argentina. —“La naturaleza de pocas palabras de los gauchos, el paisaje invariable, mínimo, subordinan al hombre de estas latitudes a la microficción”—Sentencia Bentivoglio y cita un cuento de Björk Altman:
“Dos gauchos, que llevan casi seis meses sin ver a nadie, se reconocen la silueta desde muchos kilómetros en la pampa.
-Hola cumpa ¿qué cuenta?
-Y nada che ¿y usted?
-Nada.
-Nos vemos che.
-Nos vemos, un gusto platicar con usted”




Alejandro Bentivoglio en un futuro improbable será arqueólogo literario en la Patagonia, o bibliotecario en El Cairo, dueño de una biblioteca digital en Buenos Aires o encargado de los talleres literarios en la cárcel. Como sea, su vida estará cruzada por la literatura, por los libros que hoy atiborran su departamento, por los microcuentos que escribe con fruición. Bentivoglio es un narrador atípico, escribe exclusivamente microficciones (tiene más de 2000) y es joven (29) para haber publicado tres libros maduros: Revolver y otras historias del lado suave, Dakota, memorias de una muñeca inflable y La Parca (a dos voces con un amigo).
De a dos o tres en cada hoja, los textos de Bentivoglio copan las páginas y nuestros sentidos, nos imponen su ritmo y su inusitada diversidad, su contundente aliento, que por momentos nos obliga a la pausa para digerirlos, a la relectura. Convergen obsequiosamente en la literatura de Bentivoglio diferentes vertientes, la narrativa pura destilada desde la compresión extrema del cuento como en Suave. La bella jerigonza poética que se acomoda muy bien en los textos cortos, y que algunos taxónomos clasifican como poemas y otros como cuentos breves, como en A falta de revolución. Y También el humor, un tipo de ironía fresca, inteligente y de una compresión lingüística envidiada por los extintos redactores de telegramas como en el cuento Vasos Comunicantes.
Alejandro habita un barrio del gran Buenos Aires, casi no conoce el resto de la ciudad, no la necesita, recorre los vericuetos de esa otra urbe, de la ciudad improbable, donde cada tanto se escucha la vos tartamuda de Borges o del argentino de acento francés y en la orilla del río sin orillas ve pasar a Onetti o contempla a Hemingway mientras pesca en el muelle.

Cuentos de Alejandro Bentivoglio:

Suave
Él pensaba que todos los cuchillos eran parecidos. Sin embargo, su esposa había comenzado a acariciar más que de costumbre, uno de los que estaban en el cajón. Mucho, pero mucho antes de él llegara a su casa con un rastro de rouge en su camisa arrugada.

A falta de revolución
Hay ventanas, verdaderas excusas de guillotina, que ante la menor provocación se abaten sobre desprevenidos ciudadanos, cercenando cuellos y sombreros que luego se quedan solitarios como tortugas en el sueño, pisos abajo, entre turistas de asfaltos y silencios.

Vasos comunicantes
El telegrama es la literatura experimental del desastre.

Rompiéndome
No llorés por mí, le dije. Pero ella me dijo que no lloraba. Era algo que tenía en un ojo.
Algo como un hombre pequeñito deshaciéndose entre sus dedos que luego se limpió prolijamente con una servilleta de papel azul.

Última noche en Bolivia


El fantasma de Víctor Hugo Viscarra surge ahora que me sirvo un singani. Parece que el tiempo no pasa Víctor, estás igual que aquella noche en el Boca y Sapo, charlamos poco esa vez, pero me diste un par de tus libros y ellos me han seguido hablando.
—¿Cómo van las cosas Víctor Hugo?
—La existencia o la cotidianidad son tan sólo una figura donde no se reflejan ni se vislumbran esperanzas ni ilusiones: o se vive, o se muere.
—¿Y cómo es la muerte?
—Para una persona que ha caminado de la mano del infortunio y de la muerte, amén del alcohol, puede significar muchas cosas, entre ellas retroceder en el tiempo, y sin proponérselo, abrir cicatrices que parecían cerradas para siempre, aunque la palabra no siempre tenga su real significado en el diccionario.
Me quedo por unos instantes, pensando en lo que dijo Víctor Hugo, sus palabras siempre consiguen dejarme ese sabor amargo, inquietante, hablan por los marginales de La Paz, por sus vidas descarnadas, violentas, olvidadas. Me hubiese gustado conocerte más Victor Hugo, hablar sobre esos seres sin esperanza que acompañaron tu deambular y tu literatura, pero se te ocurrió morirte, y tu fantasma ya se ha ido. Ahora estoy sólo en este hotel y miro por la ventana.
El regreso, en cierto modo siempre volvemos. Como este retorno a Cochabamba, a las calles estrechas aprendidas de niño, la infructuosa búsqueda de la heladería en calle España (que ya no existe), indagar en la memoria sobre el olor a sándwich griego, el regreso al monumental y delirante mercado de La Cancha, a redescubrir las cholitas que venden silpanchos o api de madrugada y sumarse a los alegres de siempre que beben cerveza en El Prado. El regreso y la perversa sensación de que alguien me debe algo: los años perdidos, la vida que no viví. Pero si volviera, si el regreso fuera posible y me instalara otra vez en la llajta, no pasaría mucho tiempo en que me dolería el sur, el verde rabioso, el olor del mar y la lluvia infatigable en la memoria, no pasaría mucho tiempo en que me obsesionaría con la idea de que alguien me debe algo. Así son los regresos, todos los regresos, una vez que vuelves, la urgencia no calma, añoras el próximo regreso.
Por ello me asombran los que huyen, me agobian aquellos que no quieren volver, como Lorena que viene de Chile, que viaja sola por muchos meses y me confesó que es alcohólica, que intenta huir del miedo, de la oscuridad al final del camino que a veces se ve con tanta claridad. Lorena pertenece a la estirpe de los condenados, porta una tristeza endémica que disimula con vino, cerveza, vodka o lo que sea que esté a mano, ella huye y jamás regresará.
La noche en La Paz es más luminosa, el aire se palpa más liviano, frío y milenario. ¿Acaso el que regresa no está huyendo igualmente? ¿Acaso siempre será todo una trampa circular y por ello despertaremos un día, viejos, con la confusa sensación de que alguien nos privó de algo? ¿Acaso siempre ha sido todo igual? Pero algunas cosas cambian, los países cambian, los pueblos cambian, como esta Bolivia en la que se respira dignidad y en la mirada del indio aflora el orgullo, ya no el resentimiento que es la forma más dura de orgullo, sino un orgullo parecido a la esperanza. Quizás las cosas tarden, quizás Bolivia es el país de la desesperanza, quizás la rueda de la historia la condena a la tercera división, amén que ya fue un imperio, o quizás la maldición del inca está cesando y permitirá que este pueblo deje de sufrir.
Mañana temprano emprendo otra vez el regreso, adiós Victor Hugo bebo a tu salud y a la de tu bella ciudad mineral, donde los contrastes cuelgan de los cerros como cuadros en una pared. Ojalá Lorena encuentres consuelo en el país del desconsuelo, descubras lo que te falta y puedas algún día volver. Adiós Chuquiago, cuna de imperios y desesperanza, ojalá tu también encuentres el camino.

martes, junio 24, 2008

Más microcuentos

Adrenalina
Esto no lo dejaría por nada del mundo, piensa, mientras el carro aúlla y va abriéndose paso entre el tráfico. El “Poroto” Rodríguez cuelga precariamente junto a dos compañeros en la parte trasera del vehículo, al lado de los rollos con mangueras. Los otros bomberos viajan en la cabina. Todos están eufóricos y tensos, como presos que observan la fuga de un compañero; las manos sudorosas y la vista extraviada, marítima. El olor a humo indica la cercanía del siniestro. Es una casa verde la que se quema. Él ya lo sabe pues es la tercera a la que prende fuego este mes.

Visión
Duerme acunado por la fogata. Sueña que este fértil valle se ha cubierto de piedra. Multitudes caminan apresuradamente sin mirar a sus hermanos, respirando un aire enrarecido y venenoso, como cuando despierta el Pillán en los volcanes. Viajan por túneles bajo la tierra, recorriendo el paisaje a velocidades vertiginosas.
Mañana despertará extenuado por la pesadilla y arreará el rebaño de guanacos, como sus ancestros lo han hecho por siglos cada verano. Verá por primera vez a los conquistadores, y este mal sueño será el presagio de una pesadilla que recién comienza.

Fantasmas

Era un sueño fastidioso que duró por meses. Avanzaba precariamente, sobre unos rieles, amenazado por vidrios rotos en el suelo. Ya estaba aclimatado a esa pesadilla, pero hace unas dos semanas desperté sintiendo agudas punzadas como si tuviera los pies heridos. Al revisarme constaté que no había nada, aunque el dolor persiste hasta hoy. El sueño no ha regresado. Ese sueño. Porque ahora tengo otro que se parece más a lo que pasó. Camino aturdido por el vino y escucho el silbido de la locomotora y en el último momento veo la luz encima mío. Sólo espero un día amanecer sin dolor en los pies. Porqué algo que no está ahí, no puede doler hermano, no puede.

Salto al vacío

Sabe que mañana estará en los titulares por saltar desde el veinteavo piso, pero ha estado toda la semana esperando este momento y parado en el techo, siente sus manos sudorosas, el pecho ardiendo, el estomago pesado. Las luces titilantes, cual público indolente, parecen llamarlo, y él, añora saltar y ya no ser más un hombre solitario y anónimo. De pronto, respira hondo y se lanza silencioso, algunas palomas vuelan y el malestar desaparece.
Como lo había supuesto uno de los diarios titula: Hombre aterrizó en parapente en pleno patio de La Moneda y fue detenido.

El violinista

Cada día me cuesta más actuar, no me malinterpreten; la música es mi vida. Lo que pasa es que antes tocaba relajado, disfrutaba —el mejor violinista que ha pasado por la facultad—, decían los profesores. Ahora tengo más oficio y madurez, pero creo que los años me robaron algo: la espontaneidad, la pasión, quien sabe. No sé hasta cuando seguiré en esto, por lo pronto interpreto a Johannes Brahms y la gente aplaude. Me bajo, cuento las monedas y a esperar la siguiente micro.


Shift F9

Es un resabio de cuando los software eran poco amigables doctor, dijo el pobre diablo, había sido programador, leí en su ficha, y en alguna parte del camino se chaló, lo usual. Antes, un procesador de texto como el Wordstar 3.11 o el Wordperfect 5.1, requería memorizar una combinación de teclas para la mayoría de las funciones básicas, agregó el paciente con signos evidentes de delirio. Cálmese, acoté yo, mientras escribía la receta y trataba de no perderlo de vista en caso de que fuera necesario pedir ayuda. Doctor usted no me cree, shift F3, por ejemplo transforma minúsculas en mayúsculas, control c, cierra la mayoría de los programas, lo que le digo yo es lo mismo, es como cuando llegas al final del Windows y aparece la cara de Bill Gates, pero al revés. Deje mostrarle doctor ¿que pierde usted? sáqueme por último una sola mano y acérqueme el teclado. Dudé por un momento, pero los enfermeros estaban apenas detrás de la puerta y el individuo me pareció inofensivo, mínimo, sopesé por un instante más lo que podría afectar a su patología. Le solté una mano del chaleco de fuerza y le espeté: ya hombre muéstrame, se feliz por un rato. Dificultosamente apretó shift con un dedo y con el otro F9 y el desgraciado desapareció para siempre, llevándose de paso lo poco de cordura que los siquiatras tenemos.

La píldora del día después

—Jefe: llamó de nuevo don Matías, estaba muy molesto, preguntó que cuando le iban a pagar la factura.
—Dile que el cheque está listo y sólo falta la firma.
—Ya le dijimos eso ayer.
—Dale otra aspirina a ver si lo aguantamos hasta mañana.

Destape

Rigoberto Martel, militante converso a la Concertación, tiene un puestito en la Contraloría y para el segundo aniversario es el encargado de destapar el curanto. Primero saca las champas, las hojas de pangue, los milcaos, chapaleles, carne ahumada, longanizas, cholgas, almejas, picorocos, piedras calientes, carbón, tierra, papeles, monedas, hojas de libros, huesos humanos, barro, puntas de flecha, dientes de mamut, trilobites.

viernes, junio 20, 2008

Sobre extraterrestres y religión


“Se puede creer en Dios y en extraterrestres”, la afirmación proviene del argentino José Gabriel Funes, que no es representante de la Iglesia Maradoniana, sino el director del Observatorio Astronómico del Vaticano. Funes el religioso, es un astrónomo y sacerdote Jesuita de cuarenta y cinco años, que entre varias declaraciones, a título personal supongo, asegura que ante la inmensidad del espacio formado por mil millones de galaxias cada una con mil millones de estrellas, la vida puede también florecer en otros planetas (como una muestra de la inmensidad de dios y su libertad creadora, por supuesto) y que esas criaturas serían nuestros hermanos, consultado si estos hermanos serían también favorecidos por la redención, Funes manifiesta que Jesús se encarnó una vez por todas, que es un evento único e irrepetible, patrimonio sólo de nosotros, aunque está seguro esos eventuales seres también gozarían (¿alguna otra encarnación mediante?), de la infinita misericordia de dios. Aunque Funes es cauteloso en sus afirmaciones, lo realmente novedoso, es que introduce la duda, la posibilidad de que no todo sea como el dogma católico ha pretendido imponer por siglos. Como buen astrónomo debe causarle al menos algo de rubor, que la misma iglesia sostenedora de su observatorio, fue la que condenó a Galileo (padre de la astronomía moderna) por afirmar que la tierra no era el centro del universo, y que recién en 1992 (casi 400 años después), reconoció tímidamente, que tenía razón. El fanatismo religioso es una enfermedad que llevamos en nuestros genes, y no es privativo de la religión católica, basta sólo mirar las ruindades del fundamentalismo islámico o un poco más atrás los sacrificios humanos de los Aztecas, entre muchos ejemplos. Se han matado más personas a nombre de dioses en la historia de la humanidad que por cuenta de cualquier demonio. Pero concentrándonos en la Iglesia Católica y en nuestro continente, específicamente en las jerarquías eclesiásticas, ellas han sido un paradigma del dogmatismo y la inflexibilidad lo que les ha valido no pocas discrepancias incluso dentro de sus filas.
Hasta muy poco circulaba por el balneario Pelluco (barrio de Puerto Montt donde vivo), Fray Domingo, cura encargado de la capilla, que tuvo la mala ocurrencia de contradecir a sus superiores, quienes intentaban bajarle el perfil a los ribetes homosexuales del asesinato del cura Picardo, conocido y querido sacerdote, rector de un liceo puertomontino. Él fue a declarar a favor de uno de los inculpados y habló con los medios, lo que le valió la pérdida de su ministerio sacerdotal y su capilla, además de ser excomulgado en un fugaz proceso. Fray Domingo, dijo que le habían usurpado su fuente laboral, que no sabía trabajar en nada más y se construyo una iglesia en Piedra Azul que rebosa de fieles cuando oficia misa. Ha declarado que las jerarquías eclesiásticas están lejos del pueblo, que el papa debería vender sus joyas para ayudar a los pobres, y que incluso está disponible para encabezar una rebelión armada, aunque no aclara muy bien contra quien ni por qué razones, además todo ello lo dice mientras come un milcao. El caso es algo freak (casi como un extraterrestre), sin duda, pero asombra que tanta gente crea en él y lo apoye en su lucha contra el establishment católico.
Cada vez es más evidente la discordancia de la Iglesia con sus feligreses, decisiones absurdas, fanáticas, retrogradas, como oponerse al divorcio o prohibir la píldora del día después, son las que contribuyen a ello. Por eso me quedo con los curas jesuitas que formaron misiones en la Amazonia salvando a los indígenas (lo que le valió a muchos correr la suerte del hacha), con los clérigos de la teología de la liberación, con los sacerdotes que denunciaron y sufrieron las iniquidades de las dictaduras en décadas pasadas, con el cura Poeta Ernesto Cardenal. Y con Fernando Lugo por supuesto, ex obispo, de quien se dice que fue conminado por sus superiores a elegir entre ser religioso y la política, y hoy da más esperanzas a su pueblo que toda la iglesia junta, por ser el presidente recién electo en Paraguay.
Latinoamerica es un continente católico, ancestralmente golpeado por flagelos que parecen sacados del apocalipsis, la gente quiere creer en dios y no sé si le interesa creer en extraterrestres, lo claro es que le agobian los problemas mundanos y está decidida en este nuevo siglo, de la mano de dirigentes progresistas, a intentar conquistar el futuro ¿Estará su iglesia preparada para ayudarlos?
Cierro esta nota recordando aquella famosa frase de Voltaire “La duda no es una condición placentera pero la certeza es absurda” y pienso que quizás los astrónomos del Vaticano, cuando miran hacia arriba por sus telescopios, a instancias del papa o más bien a escondidas de él, se preguntan: ¿padre por qué tanta injusticia en el mundo? Y sólo ven millones de estrellas.

jueves, junio 21, 2007

Karma


Karma
Carlos Tromben
Seix Barral
340 páginas


Son tres historias en lugares y épocas diferentes, tres vidas (cada una siguiendo su propio karma) que se mezclan fluida y sutilmente, a la manera de una película de Alejandro González Iñárritu (Amores Perros, 21 gramos, Babel), para contarnos una meta-historia, bella, trágica, emocionante; Karma de Carlos Tromben es también un retrato de cómo se engendra el Chile de hoy, el país exitista, provinciano, con su pasado enterrado y escondido. La primera es la historia de Satoshi, un inmigrante japonés y su familia en Valparaíso, un relato con ritmo oriental, meditado, bien documentado en su vertiente japonesa y en el retrato del Valparaíso de principios de siglo. En la segunda historia Martín, ejecutivo de una importante empresa telefónica, renuncia a su vida exitosa y escarba la ciudad desde su nuevo oficio, esta es la mejor lograda de las tres, la más autobiográfica (está contada en primera persona), una radiografía al país de hoy, una mirada escéptica, irónica, llena de poesía urbana. Y la tercera es sobre Sofía, hija de una exiliada chilena en Suecia, su paso como enfermera voluntaria en la guerra fratricida de Croacia y el regreso a Chile. La cuarta historia, la que subyace, es la tragedia, el karma universal, que se conecta desde Lushunkou una ciudad arrasada por los japoneses, la bomba atómica en Hiroshima, las guerras en Yugoslavia hasta las matanzas en Latinoamérica. Tromben articula las historias con precisión matemática, la fuerza de esta novela radica en su trama, más que en su prosa, limpia y directa, y lo reafirma como uno de los mejores novelistas chilenos de la actualidad.
Según la filosofía oriental el karma constituye una fuerza inconsciente y condicionante, que hace que los individuos tiendan a un determinado estado de vida. Carlos Tromben es Ingeniero Comercial a sido ejecutivo de banco y analista de la bolsa, sin desmerecer sus meritos profesionales, creo que El Karma de Carlos Tromben tiene que ver con las letras y no con los números.

sábado, mayo 26, 2007

El error de Darwin

El error de Darwin
Cristián kaiser
Alfaguara
257 páginas.


El error de Darwin es el estreno como narrador de Cristián Kaiser y, como buen debutante, sus cuentos ofrecen la frescura del texto iniciático, la soberanía temática, la promesa. Pero contrariamente a lo esperable, sorprenden en este autor: un manejo maduro de la técnica y fluidez en el uso los recursos, una especie de lucidez desencantada en su prosa, el humor sutil y certero, la soterrada justificación de la escritura como un juego. A falta de más curriculum, reza en la solapa del libro, que Kaiser ya había publicado un libro de poesía y es sicólogo de recursos humanos, estás “deformaciones profesionales”, antojadizamente, podrían darnos luces sobre la madurez y consistencia de sus textos.
Kaiser aborda temas y personajes oscuros, sórdidos, controversiales (una serie de entrevistas con un psicópata, un padre demasiado frío ante la reciente muerte de su hija pequeña, mujeres histéricas, hombres subyugados, escritores obsesos), pero también trabaja la ironía con eficacia (como en los cuentos Un plan perfecto o No más palabras), El error de Darwin es un libro heterogéneo, con protagonistas incómodos, siempre en conflicto con lo que hacen, quizás alguno de esos mismos personajes diría: qué diablos importa sobre lo que escribes, lo realmente significativo es que el texto funcione, que atrape.
Hay algo inquietante en el estilo de Kaiser, algo impasible, apesadumbrado, pero potente y particular. “Si el lenguaje es el único puente entre dos cabezas, sólo lo pueden atravesar las palabras. Si es así, sería una gran tristeza.” se lamenta Cristián, escritor y personaje de uno de los relatos; arriesgo afirmar que si algo trasunta a la literatura es, paradójicamente, liberarse de las palabras, comunicar otras cosas, Kaiser, por momentos, lo logra.
El error de Kaiser es el título, debió llamar a su libro No más palabras, el mejor de los cuentos del volumen.